Cuando creamos mecanismos que realizan funciones de las que antes sólo éramos capaces los seres humanos, no podemos evitar lo que Asimov llamaba el complejo de Frankenstein.
Por lo que he podido observar, me atrevería a decir que nuestra forma de afrontar las nuevas tecnologias se puede resumir en tres fases:
1- ¡¡¡ Está Vivo ¡¡¡ ¡ Funciona !
2- Dios mío. ¡He creado un monstruo!
3- Asimilación o abandono. Aceptación o rechazo del concepto hasta el extremo de anular y hacer olvidar los dos puntos anteriores.
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