(En Honor a Carl Sagan)
Me costaría precisar la fecha en que abandoné mi fe, entendiendo como fe el compendio de creencias religiosas que nos son inculcadas de una forma más o menos consistente desde el nacimiento hasta el momento en que uno se las plantea, si con un poco de suerte llega a darse el caso.
Agradezco enormemente a mi hermana el terrible brete en que me puso una vez, tendría yo unos doce años y ella unos dieciséis. Sencillamente me preguntó:
- ¿Crees en dios?
Supongo que respondí con evasivas: (Por aquel entonces andaba flipao con el Jesucristo Superstar en un intento, creo, de actualizar mis creencias ante el abismo creciente de la adolescencia)
- Bueeeeeno... no sé..... un dios con barba blanca y un triángulo en la cabeza quizá no..., pero.... no sé... algo tiene que haber...
- No. No valen medias tintas. ¿SI o NO?
¡Ostrás! ¿Y tengo que decidirlo ahora?
Pues el caso es que decidí.
Y decidí que no.
Y aquí arranca este soliloquio....
Somos infinitamente pequeños ante la inmensidad de la Existencia... nuestra ansiedad, nuestros miedos, son perfectamente razonables y hasta necesarios para nuestra supervivencia.
Pero al mismo tiempo somos parte de Ella, con derecho inalienable a defender y al mismo tiempo a cuestionar nuestro ser.
Nacimiento de dios:
Hace unos años visité una exposición sobre los orígenes de la humanidad; debo aplaudir aquella iniciativa patrocinada por cierta entidad bancaria. A veces instalaban en mi ciudad algo que habría que calificar como auténticos museos portátiles. En un espacio reducido, una plaza, un parque, alzaban una carpa para acoger un.... murales, dioramas, actividades interactivas...
Por qué pretender dar una respuesta absoluta? Por que inventar ese dios que explica lo inexplicable? Disfrutemos de nuestro conocimiento... y disfrutemos también de nuestra ignorancia que nos impulsa a la curiosidad, madre generatriz de toda sabiduría.
Entiendo que toda religión se establece sobre la base de dos incógnitas fundamentales:
¿Existe continuidad más allá de la muerte?¿Seguiré de alguna forma existiendo después de ella?
¿Existe un dios creador y por tanto determinante de mi destino presente y futuro?
Actualmente sólo se me ocurre una respuesta aceptable para ambas cuestiones:
Ni puta idea.
No lo sabemos. Al menos hasta el momento... no podemos saberlo.
Por supuesto que la mente transciende a la materia
Por supuesto que somos algo más que piel y huesos.
Llámalo alma.
Pero no puedo aceptar que el alma resida en el cuerpo.
Emana de él.
No son entes independietes... no necesariamente.
.....
Ateo....empedernido
Existencialista....hasta la médula.
Aún aceptado la hipótesis del ser superior hacedor de todas las cosas, siempre cabe preguntarse quien creó al creador, y quién al creador de éste, lo que nos remite en bucle a la pregunta inicial.
¿Por qué aceptamos sin problema que antes de nacer no estábamos en ninguna parte, pero nos cuesta tanto asumir que volvamos a no existir?
Las 4000 (4000 ×108) vueltas de la rueda de Samsara. La tranquilidad que me supuso saber que en el peor de los casos, al final de todo, el castigo definitivo es la destrucción absoluta, la nada. Si, lo sigo entendiendo como un simple alivio antes que como un terror cósmico.
Cambio de perspectiva.... cómo In sæcula sæculorum ha pasado a ser un suspiro.
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