Blog hermanado con The Midnight Gazes At You

El Cubo de Rubik surrealista

Mis padres me regalaron un cubo de Rubik al cumplir los dieciocho. La fecha no era de especial relevancia en este caso, como sí lo era el hecho de que ese mismo día también me regalaran un encendedor, con el que me otorgaban el derecho a fumar en su presencia y de algún modo el reconocimento de mi mayoría de edad.

Aprendí a completar el rompecabezas usando un manual, memorizando un sencillo sistema de fórmulas rutinarias. Hubiera sido incapaz de resolverlo por mí mismo; tal como me ocurre con el ajedrez, una vez realizados los primeros movimientos, me pierdo ante la inmensidad de posibles combinaciones. Mente dispersa...

Al cabo del tiempo, con el uso, las pegatinas de distintos colores que determinan el puzle se habían ido soltando y deformano dejando el juguete tan sucio y pegajoso que resultaba desagradable a la vista y al tacto, de modo que decidí despegarlas todas para limpiarlas y volver a colocarlas. 

En el momento en que todos los adhesivos habían sido reirados, todas las caras del cubo quedaron del color negro del plástico base del que está hecho.

Y de pronto esta visión me hizo sentir algo:  el cubo de Rubik original  tiene más de 43 billones de combinaciones posibles... el mio, sólo una. Acaba de crear el único puzle irresoluble; resultaba imposible de barajar, hiciese los movimientos que hiciese, éste siempre estaría resuelto.  Sentí que me encontraba ante algo hermoso e inquietante, ante una obra de arte.

Probablemente me hubiera olvidado del asunto, de no ser porque algunos años después encontré esta "escultura" en una exposición de arte contemporaneo. No se trataba exactamente de la figura en sí sino de una tv mostrando una especie de performance en vídeo en la que se veian unas manos enguantadas manejando un cubo.  Este cubo tenía todas las caras pintadas de blanco, del mismo color que los guantes, recortándose sobre un fondo neutro completamente negro. 

Las manos se abrian como mostrando extrañeza, tomaban el objeto, lo giraban, lo accionaban, lo soltaban, lo volvian a coger... inspirando desconcierto.

Entendí que se trataba de la.misma idea.  

Por eso escribo estas lineas, sólo para recordar y recordarme lo difusa que resulta nuestra apreciación de eso que llamamos arte. 

¿Acaso el arte no consiste en eso, en la humana capacidad de que una visión, un objeto, un sonido, una idea... sea capáz de hacernos sentir? ...desde un bisonte rupestre hasta una catedral gótica...  ...desde la danza de una Venus hasta una plancha con clavos...

Ante la inconmensuravle y eterna parafernalia de la creatividad, sugiero seguir valorando la sensación/sentimiento.



No hay comentarios:

Publicar un comentario